Jueves, 12 Octubre 2017 10:42

Dos presos napolitanos almorzaron con el Papa y tras la lasagna se fugaron

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La gran emoción por compartir un almuerzo con el Papa Francisco en la iglesia de San Petronio, en Bolonia, les debe haber pasado rápidamente a los dos presos. Lo demuestra el hecho que, integrando un grupo de 20 detenidos que se sentaron a la mesa, instalada en la basílica durante la visita del Santo Padre, pensaron que era mejor fugarse que rezar una plegaria con el Pontífice.

Y aprovechando un descuido de los guardias, se perdieron los rastros de los dos, que se fugaron en medio del almuerzo después de haber comido un plato de lasagna con salsa a la boloñesa, como no podía ser de otra manera.

Un par de horas antes, el grupo, y miles de ciudadanos boloñeses, escucharon al Papa recitar el Angelus en la Plaza Mayor de la ciudad.

Nadie le dijo a Francisco que dos de sus comensales se fugaron. Ahora son buscados por la Policía, que ayer se presentó en la Curia, en Vía Altabella, para pedir información a la jerarquía eclesiástica.

El Vaticano informó que el Papa Francisco presta una atención especial a la situación de los presos, y acostumbra a reunirse con grupos de reos durante sus viajes dentro y fuera de Italia. Y que a pesar de este hecho, no dejará de hacerlo.

Sobre la evasión rige la más estricta reserva de los investigadores porque se trata de un hecho evidentemente embarazoso.

Los dos fugados, ambos napolitanos, estaban detenidos en la casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco Emilia, en el Modenese, una estructura para la reinserción social, alternativa a la cárcel dura y dividida en dos secciones: una para los tóxicodependientes y otra para los "internados", o sea los reos sujetos a una vigilancia especial por ser considerados socialmente peligrosos. Los fugados estaban en esta sección y los informes sobre ellos eran reiteradamente negativos.

Los detenidos que arribaron para almorzar con el Papa eran 20 y todos partieron desde Castelfranco donde están recluidos. La comitiva también estaba integrada por un capellán, un grupo de voluntarios de la parroquia y un minúsculo grupo de guardias, lo que demostraba la poca vigilancia que tienen los detenidos en esa estructura.

Después del Angelus de Francisco llegó el almuerzo. El mismo incluía lasagna con salsa a la boloñesa, bife y torta de arroz. Todo bien, lástima que los guardias, antes de los postres, se dieron cuenta que les faltaban los dos reos napolitanos.

Nadie le dijo nada al Papa sobre la situación. Y el Pontífice, ignorante de todo, continuó con su visita en Bolonia. Después del almuerzo fue a una manifestación en Plaza San Doménico y cerró la jornada con el gran acto en el estadio de fútbol de la ciudad, ante 40.000 personas.

Los presos volvieron a su reclusión en Castelfranco con dos integrantes menos. De ellos, desde hace unos días no se sabe nada. Lo que demuestra que es cierta esa frase que dice "los caminos del Señor son infinitos".

Catecismo y pena de muerte

El Papa Francisco conmemoró el 25º aniversario de la publicación del catecismo de la Iglesia católica con una exhortación a que sea reformado para que incluya nuevas directrices sobre la pena de muerte.

En una ceremonia en el Vaticano, el Pontífice reiteró su creencia de que la pena capital es "inadmisible" bajo cualquier circunstancia.

Calificó ese castigo como violatorio del Evangelio y equivalente a la toma voluntaria de una vida humana, que "siempre es sagrada a los ojos del Creador".

El catecismo, publicado por el entonces Papa Juan Pablo II con el fin de dar a los feligreses una guía de consulta fácil sobre la doctrina católica, no descarta recurrir a la pena de muerte.

El texto, aunque reconoce que la necesidad de la pena capital es infrecuente, "si no es que prácticamente inexistente", afirma que es permisible si es la única manera de defender una vida humana ante "un agresor injusto".

La pena capital está prohibida en la mayor parte de Europa y Sudamérica, pero sigue vigente en Estados Unidos y en varios países de Asia, Africa y el Medio Oriente.

Francisco reconoció que en el pasado incluso los estados papales permitían "este recurso extremo e inhumano", pero afirmó que la Santa Sede había errado al permitir una mentalidad "más legalista que cristiana".

Hizo notar que la doctrina católica puede evolucionar, y afirmó que el catecismo "debe hallar una manera más adecuada y coherente" para expresar el mensaje del Evangelio sobre el valor y la dignidad de toda vida humana.

"Es necesario repetir que no importa cuán grave haya sido el crimen, la pena de muerte es inadmisible porque ataca la dignidad inviolable de la persona", señaló.

Francisco se ha caracterizado por defender los derechos de los presos.

En casi todos los viajes al extranjero que ha realizado, ha ido a visitar a reos para darles palabras de solidaridad y esperanza, como en países latinoamericanos.

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